In LSD Veritas -

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miércoles, 30 de septiembre de 2015

La magia como herramienta de manipulación social según Giordano Bruno.





Breve descripción de la magia según Bruno encontrada en Wkikipedia, podéis encontrar más información en sus libros.

En el uso común, la magia es entendida como dominio sobre las fuerzas físicas, espirituales o divinas;5 sin embargo, el estudio de la magia en Bruno se muestra como la capacidad de percibir o reconocer el conjunto de relaciones vinculatorias que se suscitan dentro del reino de lo fantástico. Esto es, la práctica mágica se asienta en su teoría de los vínculos. Por ello, el mago debe conceder fuerte atención al trabajo de la imaginación. La imaginación constituye la puerta de acceso a todos los afectos que pueden conmover a un ser viviente.6
Se requieren básicamente tres factores para lograr la vinculación:
  • potencia activa en el agente.
  • potencia pasiva en el sujeto o el paciente (esto es una disposición o aptitud de no resistencia).
  • la aplicación apropiada a las circunstancias de tiempo y lugar.
Los vínculos no son eternos porque se dan en el mundo, a la vez que no todo puede vincular a todas las cosas y si lo hace no se da del mismo modo. Hay tres accesos para vincular:
  • la visión, a través de formas, gestos, movimientos y figuras adecuadas.
  • el oído, mediante la voz y el discurso.
  • la mente o imaginación.
Los vínculos se establecen a través de los sentidos; sucede la entrada que es cuando son percibidos, la atadura que es cuando se empieza a formar un sentido de las cosas que entraron vía los sentidos, luego sucede el vínculo y finalmente la atracción.


El mago o manipulador debe ser consciente en todo momento de que para atraer a uno o más individuos, debe considerar toda la variedad de intereses de los sujetos a hechizar. Por esta razón, para la técnica mágica se requiere tener un conocimiento más que parcial del sujeto y sus deseos, pues sin tenerlo no puede darse ningún vínculo. Su propuesta mágico-fantástica responde a los tres niveles de realidad que en su ontología señala: el mundo divino y el mundo material son conectados mediante la fantasía; de manera que ella es el intermediario en el proceso que va de la sensibilidad a la cognición.
La sensibilidad es un proceso multívoco y dinámico de asociaciones en el ascenso y descenso de los datos perceptibles. La concepción metafísica de Bruno está emparentada con las ideas de Pico della Mirandola quien consideraba al hombre con una posición intermedia entre las partes superiores (divinas) y las partes inferiores (materiales). Del mismo modo, Bruno extiende las teorías elaboradas por Marsilio Ficino, quien como San Agustín, distinguía tres reinos: el reino material, divino y espiritual. De manera que quien vincula alma y cuerpo es el espíritu. Es en el espíritu donde se da el ascenso y descenso de las ideas y percepciones; ahí se forma la sensibilidad del sujeto: el alma tiene contacto con las cosas materiales gracias al reflejo que de ellas se da (en imágenes) dentro del espíritu, mientras que el cuerpo accede al contacto luminoso de la inteligencia por su reflejo en el espíritu como fantasías. Del mismo modo, Bruno al igual que Ficino considera que el espíritu no es propio de los hombres sino que es una realidad propia, un mundo en sí mismo; así podemos hablar de un mundo de los espíritus.



En la teología platónica de Ficino7 puede observarse una sutil distinción entre el concepto de imaginación y el de fantasía, siendo la primera aquella que da forma a lo que percibimos, mientras que la segunda emite un juicio respecto a lo ya elaborado por la imaginación. La fantasía en tanto que emite juicios también ha de distinguirse del intelecto, la primera se ocupa de lo particular, esto es, traduce los universales en particulares; mientras que el intelecto concibe los universales -por lo que posee autonomía sobre la fantasía-, pero ambos operan de manera simultanea. La capacidad del mago para influenciar y atraer reside en reconocer el vínculo que une a todas las cosas: a partir del lenguaje corpóreo (el cual aporta una imagen completa sobre algo) que vía el sentido manda a las percepciones por el canal de los mediadores que son la imaginación y la fantasía, para de tal modo elevarse hasta el intelecto.
Bruno advierte que las características particulares de nuestros juicios no son estéticas ni éticas en sí mismas, dado que al ser la fantasía la función intermediaria del espíritu, ella misma establece un sentido al vincular. Así, el juicio que discierne es siempre fantástico. Así, en cada representación tenemos un halo de fantasía.


La aportación fantástica no es un juicio racional, responde más bien a la sensibilidad; siendo ésta el eje que va acomodando toda percepción interior y exterior. El reino de la fantasía es el lugar de cruce donde todo adquiere sentido; es el lugar del alma humana, de tal modo que el alma se conforma a través de los vínculos y se constituye a partir de las relaciones multívocas con que asocia cosas, arquetipos y espíritus.

 
La técnica de la magia consiste en descubrir el misterio del hechizo, sacando partido de la continuidad del pneuma individual y del pneuma universal.8 El amor es un mago por excelencia, pues pone a su disposición todos los medios de persuasión para apoderarse de ciertos objetos, su finalidad es atar. El mago, puede ejercer su influencia sobre los objetos, los individuos, las sociedades, así como también puede invocar la presencia de aquellos seres invisibles, los demonios y los héroes. Más para todo actuar y dominar la manipulación debe acumular el conocimiento de las redes que se entrelazan para alcanzar el objeto de su deseo. Esta operación es el vincular. De este modo, la magia como técnica sirve como instrumento de manipulación individual o en masa; el conocimiento de los vínculos apropiados permite al mago disponer de toda la naturaleza; por eso antiguamente mago y sabio se identificaban. Del mismo modo, reconocer las redes vinculatorias permite el dominio de uno mismo, por lo que podemos considerar el uso de la magia como una condición esencial para la acción humana en tanto que permite una manifestación libre y no reactiva de las percepciones que nos atan. Así, entre más conocimientos tenga el manipulador sobre aquellos o aquello que quiere vincular, mayor serán sus probabilidades de éxito puesto que sabrá escoger las circunstancias y el momento propicio para crear el lazo vinculante.

"El verdadero operador debe ser capaz de ordenar, corregir y disponer de la fantasía, componer sus especies según su voluntad."
Ioan, P. Culiano, Eros y Magia en el Renacimiento, Siruela, Madrid, p.135".

La acción mágica a su vez se sirve de un gran instrumento de manipulación: el eros, pues como ya había enunciado Ficino, todo puede definirse en relación con el amor; pues todos los afectos se reducen a dos: el amor y el odio, deseo y repugnancia. Lo externo se imprime en la imaginación a través de los sentidos, cargado de afectos que se atraen o se repelen. Es por simpatía y antipatía que nos vemos movidos hacia algo, sin olvidar que todo aquello que se nos aparece externamente no es totalmente arbitrario sino que responde al lenguaje universal, o lo que los platónicos llamarían el alma del mundo. La técnica de toda operación mágica reside en la apropiación de la fantasía. La potencia del imaginario se explota justo cuando ella interviene porque tiene la capacidad de colorear el alma de acuerdo al sentido que ella misma crea. Otro componente importante a la hora de poner en práctica la técnica del mago es la fe, pues sin ella no se puede llevar a cabo nada, así lo menciona Bruno en sus tesis de magia.



El mago o manipulador se distingue del común de los mortales en tanto que los últimos están sometidos a un sin fin de afectos o fantasías; por ello Bruno advierte constantemente procurar no transformarse de operador a instrumento de fantasmas. Sin embargo, hay fantasías provocadas por una acción voluntaria del sujeto, como la de los artistas o poetas; y hay otras fantasías cuyo origen está en otra parte. Las cuales pueden haber sido provocadas por los demonios o inducidas por una voluntad humana, de éstas justamente advierte Bruno hay que cuidarse. De ahí la importancia del arte de la manipulación. Hoy día se puede observar la trascendencia de la técnica mágica en actividades como la mercadotecnia y la publicidad, incluso en la actividad política y religiosa; en tanto que son actividades que se dirigen a la manipulación de los individuos con un fin en concreto, tomando en cuenta, sino todos, al menos si gran parte de los intereses intersubjetivos a consideración.

"Podemos sostener que la tecnología viene a ser una magia democrática que permite a todo mundo, gozar, de las facultades extraordinarias que hasta ahora, sólo podía presumir el mago"
Ioan, P. Culiano, Eros y Magia en el Renacimiento, Siruela, Madrid, p.149".

Fuente: Wikipedia 

Libro: "De la magia, de los vínculos en general"

lunes, 28 de septiembre de 2015

Una reflexión sobre el Estado y la Ley.





El Estado es la institución más perversa y corrupta que hay, porque entre otras cosas niega la Ley, -que significa originariamente elegir o escoger- es decir, niega la libertad del individuo y su capacidad para usar la inteligencia en la inmensa mayoría de los ámbitos de su existencia.

La muerte de Agustín Rueda o el lado oscuro de la Transición (Onda Expansiva)

A Agustín Rueda Sierra la muerte le sobrevino la madrugada del 13 al 14 de marzo en la enfermería de la cárcel de Carabanchel. Horas antes había sufrido un “apaleamiento generalizado, prolongado, intenso y técnico” a manos de sus carceleros que sospechaban de su participación en la excavación de un túnel con el que algunos presos planeaban fugarse de la tristemente célebre prisión madrileña.



agustin_rueda


Después de 35 años de aquellos oscuros hechos desde Radio Onda Expansiva, al igual que otros proyectos radiofónicos libertarios, hemos tratado de conocer las circunstancias en las que se produjo la muerte de Agustín Rueda, uno de los puntos más oscuros de la denominada Transición.
Los oyentes de nuestro radio-podcast tendrán la oportunidad de escuchar la entrevista realizada a Manolo Martínez, antiguo militante de  COPEL y amigo ya de esta radio, que nos relatará como se vivieron aquellos acontecimientos y las vicisitudes que marcaron el proceso judicial a sus torturadores que se extendió durante casi más de 10 años.

Entrevista con: Manolo Martínez

Fuente: http://ondaexpansiva.net/?p=1505

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Puig Antich. Les últimes hores (Francesc Escribano, 1989) - Subtítulos castellano

El 2 de marzo de 1974 moría el garrote el miembro del grupo libertario MIL Salvador Puig Antich, acusado de la muerte de un policía en el momento de su detención, lo que nunca fue probado. Fue juzgado por un tribunal militar y condenado a muerte. A pesar de las demandas de indulto recibidas, el consejo de ministros presidido por el general Franco ratificó la sentencia, que se cumplió rápidamente. Mientras tanto, los medios de comunicación hablaban del campeón de boxeo Urtain.



"Memoria negra" - Xavier Montanyà (Subtítulos castellano)

El testimonio de un exiliado guineano sirve para hacer un recorrido por el pasado reciente de Guinea Ecuatorial, desde la colonización española, pasando por la independencia en 1969 y la sangrienta dictadura de Francisco Macías. Todo ello sin obviar el actual régimen petrolífero de Teodoro Obiang. Nuestro protagonista intercala sus vivencias personales con las de su pueblo, explicando desde el destierro cómo heredó un río a la muerte de su padre o cuáles son las leyendas y costumbres del país.


sábado, 19 de septiembre de 2015

Para vivenciar los márgenes. La Fuga como arma. Pedro Garcia Olivo.

Mundo rural-marginal, a los márgenes del sistema (pastores antiguos, indígenas, nómadas, fugitivos de las ciudades, etc.), y señala el modo en que la Modernidad occidental, el sistema capitalista, la Ratio toda se ve confrontados por una tan “imprescindible”, que diría Brecht, Diferencia Amenazada Que Nos Cuestiona.

Charla impartida por Pedro Garcia Olivo en el festival la kabrila celebrado en Olba el 5 de julio del 2014.






lunes, 14 de septiembre de 2015

Demofascismo - Pedro García Olivo

 
 
 
Hacia un "neofascismo" global: el "destino" de la Democracia occidental como destino de la Humanidad :: En aquellos países de Europa donde la Civilización por fin ha dado sus más ansiados frutos de "urbanidad?, "virtud laica", "buena educación",... (civilidad, en definitiva), el Policía de Sí Mismo posdemocrático es ya una realidad -ha tomado cuerpo, se ha encarnado
 
 
 
I)
Me propongo volver la vista a la realidad histórico-social que la literatura de la Globalización encubre y deniega: el estado y el futuro de la Democracia Liberal. Marcel Gauchet ha observado que, ciertamente, las democracias occidentales son aún muy jóvenes; y que, de alguna manera, ignoramos qué frutos nos regalarán en su madurez, desconocemos a dónde pueden llevarnos. ¿Hacia dónde apuntan las democracias? ¿Qué nos tienen reservado?
No es fácil responder a interrogantes tan intranquilizadoras; pues, como es sabido, en el pasado los regímenes liberales se mezclaron con el fascismo, lo prepararon y encumbraron... ¿Acabó ya esa relación? ¿Qué ocurre hoy? Hace poco, Günter Anders declaró que la "democracia" en Alemania era la mera tapadera de un auténtico "fascismo"; y la verdad es que, ante semejantes invectivas, no siempre se sabe qué responder. ¿Será cierto?
El estado actual de la Democracia es lastimoso. Se ha quedado sin oponente, pero se dice que también sin sustancia... El desapego de la ciudadanía ante su pretendida "fórmula de autogobierno" no admite ocultamiento: abstención electoral masiva, descrédito generalizado de los dirigentes y sus camarillas, marea alta del apoliticismo,... Impera un difuso desencanto político que en realidad es desafección a la democracia. Como he indicado en otra parte, esta aceptación resignada -y, curiosamente, desengañada- del sistema demo-liberal puede interpretarse como simple docilidad de la población ante un régimen que se proclama "sin alternativa". Todo cuanto la Democracia prometía (el gobierno del pueblo por el pueblo, la transparencia de la gestión pública, la libertad política,...) se ha venido abajo; y, sin embargo, es ésta la fórmula que ha triunfado, enterradas las restantes modalidades de organización política. Su victoria sabe amarga, pues se ve empañada por el mencionado movimiento de deserción cívica -que la castiga con todos los signos del "consentimiento apático" y de la "des-participación benevolente". "¿Quiere esto decir que la democracia no vivía en realidad más que de su discusión, y que, desprovista en adelante de adversarios, ha entrado en un torpor final en que apenas se tratará ya más que de la gestión reactiva, al día, de una historia sufrida?", se pregunta Gauchet.

¿Torpor final? A mí me parece que es ahora cuando la Democracia está empezando a mostrar su verdadero rostro, a desvelarnos sus intenciones; y que sólo ahora, dominante, hegemónica, incontestable, sin la posibilidad de legitimarse por contraste, comenzando a hartar incluso a sus aduladores, nos va a sorprender con el raquitismo de su organismo y la malevolencia de sus propósitos. Ya ha mostrado algo de su lado oscuro, como un jirón de su pequeña alma enferma: tiende a despolitizar a la población, ahuyentando a los ciudadanos de la política y dejando esa actividad en manos de reducidos círculos de hombres ambiciosos y corruptos, hombres mediocres cultivadores del cinismo.


II)
¿Con qué sueñan las democracias? ¿En qué quieren resolverse andando el tiempo? Procurar responder a estas preguntas es plantear la cuestión de la relación entre "fascismo" y "democracia". ¿Cómo se define el "fascismo" desde esta arena de la "democracia" en que antaño levantara castillos? ¿Es su contrario ? ¿Es otra cosa ? ¿Es lo mismo?
La historia de las ideas ha contemplado tres formas de dilucidar estos interrogantes, tres teorizaciones del fascismo desde la perspectiva de la Democracia. La primera de ellas, nacida en medios historiográficos académicos, ha querido presentar el fascismo histórico (alemán, italiano) como una suerte de monstruo sin parangón, un horroroso fenómeno "aislado" que respondería a causas muy determinadas, específicas, propias de un tiempo y de unos países, de unos hombres y de unas mentalidades, que poco o nada tienen que ver ya con nosotros. El juego de las causas económicas (crisis, paro, carestía, ruina de la clase media, etc.), sociales (turbulencias, conflictos, amagos de revolución, temor de los poderosos,...), políticas (ascenso de determinadas nuevas formaciones, esclerosis y desprestigio de los partidos tradicionales y casi del sistema democrático en su conjunto...) e ideológicas (difusión de planteamientos racistas, nacionalistas, xenófobos, totalitarios, etc.) se bastaría para explicar un proceso local, casi como una planta endémica, que situaría a dos Estados en las antípodas mismas de la Democracia. Para estos historiadores, Mommsen entre ellos, el "fascismo" constituye la antítesis perfecta de la "democracia"; y su plasmación histórica, en el período de entreguerras, devino como desenlace de procesos y circunstancias "particulares", resultado de una combinación difícilmente repetible de factores "concretos". La Democracia, habiendo aprendido la lección, deberá permanecer siempre alerta, vigilante, para no verse de nuevo amenazada por organizaciones totalitarias que, aprovechando las coyunturas de crisis y de descontento social, difundirán sus abominables ideas y procurarán fortalecerse sectariamente...
Esta tesis, grata a los políticos y a los gobernantes, pues legitima la Democracia "por contraste" (el monstruo habita fuera de ella; es su contrario absoluto) y tranquiliza de paso a las poblaciones -Auschwitz no se repetirá: hemos enterrado en sal su semilla-, no carece de dificultades internas y mantiene alguna cuestiones en la penumbra: aunque, una vez asentadas en el aparato del Estado, las formaciones fascistas "minaron" desde dentro el régimen liberal, su robustecimiento electoral y su ascenso político se produjeron en el respeto y en la observancia de las "reglas del juego" democráticas -legalización, comicios, alianzas,.. La ciudadanía quiso el fascismo y la democracia lo condujo hasta donde debía llegar: la cúpula del Estado...
Con variantes, esta interpretación liberal del fenómeno fascista ha terminado formando parte de la "ideología oficial del Sistema"; y es la que, durante mucho tiempo, se ha enseñado casi sin contestación en nuestras escuelas, la que se difundía privilegiadamente por los medios, etc. Solía verse aderezada con una sobrevaloración del papel de los líderes (Hitler, Mussolini, demonizados a conciencia) y un énfasis exagerado en la incidencia de las ideologías; y, habitualmente, des-responsabilizaba al conjunto de la población, a los "hombres corrientes" que votaron y aplaudieron hasta el fin a esos partidos, que idolatraron a esos dirigentes, y que -como ha atestiguado recientemente Goldhagen- tampoco quisieron perderse siempre la ocasión de participar motu propio en las torturas, en los asesinatos...


III)
La segunda interpretación surgió en los medios historiográficos y politológicos marxistas, en encendida polémica con las versiones liberales. Desde esta perspectiva, que halló en Nicos Poulantzas un sustentador de excepción, la "democracia representativa" y el "fascismo" deben conceptuarse como dos cartas (valga la metáfora) que la burguesía dominante, las oligarquías nacionales, los valedores sociales y económicos del Capitalismo, pueden poner encima de la mesa, una u otra, guardándose la sobrante debajo de la manga, en el momento en que les interese. En tiempos de bonanza económica y de paz social, la carta democrática sirve mejor a sus aspiraciones, atenuando el recurso al aparato de represión física y suscitando pocos "problemas de legitimación". Pero en tiempos de acentuada conflictividad social, bajo la amenaza (real o imaginaria) de que se fragüe un proceso revolucionario anticapitalista, tiempos de crisis económica, de desórdenes, de descontento generalizado, de efervescencia de las ideologías contestatarias, etc., las burguesías hegemónicas, las clases dominantes que controlan e instrumentalizan el aparato del Estado, recurrirán, para salvaguardar sus posiciones de privilegio, a esa terrible carta (fascista) que esconden debajo de la manga, y alentarán, financiarán y sostendrán el "proceso de fascistización" encargado de restaurar el Orden e impedir que el sistema capitalista se lesione.
El "fascismo" no se percibiría ya, desde esta plataforma conceptual, como un "horror" enterrado para siempre en el pasado; sino como una opción para el Capital, una mera alternativa funcional a la Democracia, monstruo sustitutorio que muy fácilmente puede re-visitarnos, una baza a la que jamás renunciarán las burguesías dominantes... Según esta interpretación, sin duda menos tranquilizadora, el "fascismo" no constituye la antítesis de la "democracia": aparece más bien como su hermano de sangre, su recambio ocasional. Dejando a un lado toda sensiblería "humanista", lo peor que cabría decir del fascismo es que sirve a los mismos intereses que la democracia: allí donde el fascismo es malo, la democracia es perversa. Hijos los dos del sistema capitalista, sus historias correrán siempre de la mano, ocultándose uno detrás del otro, sucediéndose rítmicamente...

IV)

La tercera interpretación ha surgido en medios filosóficos y literarios; y es la menos complaciente, la más inquietante de cuantas conocemos. Por presentarla brutalmente: sostiene que el fascismo, bajo "nueva planta", es el destino de la Democracia, su verdad y su futuro, aquello hacia lo que apunta, el lugar al que nos lleva, su esencia desplazada y pospuesta. Yo me adhiero a esta versión...
La democracia representativa conduce a un fascismo de nuevo cuño; y, al globalizarse ésta como fórmula de organización política en nuestros días, se mundializa también dicho "neofascismo" en tanto desenlace de la Humanidad. Paradójicamente, las raíces de esta lectura pueden encontrarse en Dialéctica de la Ilustración, de Adorno y Horkheimer, autores que no suscribirían el desarrollo dado a la perspectiva que con su obra arrojaron. La Teoría Francesa (Foucault, particularmente), con su apropiación de los posicionamientos de Nietzsche, constituye la segunda fuente. Desde estas dos tradiciones (Escuela de Frankfürt, Pensamiento Genealógico), se han ido aportando los materiales teóricos y conceptuales con que fundamentar el desenmascaramiento de la democracia representativa liberal como larva del "neofascismo". Las dos corrientes, a pesar de sus discrepancias, de sus diferentes trayectorias intelectuales, han coincidido en la constatación de una circunstancia cuyo reconocimiento aún molesta al "saber oficial": que los regímenes democráticos liberales de Occidente se amparan en la misma forma de racionalidad y recurren a los mismos procedimientos que los fascismos históricos y el estalinismo (véase, a este respecto, ¿Por qué hay que estudiar el poder? La cuestión del sujeto, opúsculo de Michel Foucault). Esta "identidad’ de los aprioris conceptuales, de las categorías rectoras, de la matriz filosófica de los fascismos, el estalinismo y la democracia -tres modulaciones de una misma forma de racionalidad, tres excrecencias de la racionalidad política burguesa-, deriva del hecho de que nuestra Cultura se ha cerrado sobre su punto de anclaje en la Ilustración y ha desarrollado sus conceptos políticos en la obediencia a los dictados logocéntricos de la Ratio, en el sometimiento riguroso al Proyecto Moderno.


Establecida esta afinidad de fondo entre "fascismo" y "democracia", nada excluía que aquél pudiera "suceder" a ésta -o, mejor, superponerse-, sobre todo si se manejaba un concepto amplio, poco restrictivo, del mismo. A la elaboración de ese concepto amplio de fascismo, que admitiría una considerable "diversificación" en sus manifestaciones y legitimaría la idea de un "fascismo de nuevo cuño" -con un formato distinto al "antiguo", pero una identificación en sus caracteres básicos generadores-, se ha aplicado, entre otros, E. Subirats. Para este autor, la ausencia de resistencia interna (ausencia de oposición estimable, de crítica, de contestación; es decir, "docilidad’ de la población) y el expansionismo exterior (beligerancia, afán de universalización) constituirían los dos rasgos capitales, definidores, del "fascismo" como fenómeno socio-político. Yo añadiría un tercero: la voluntad de exterminar la Diferencia (diferencia cultural, psicológica, político-económica,...). Estos tres rasgos emparentan a las experiencias alemana e italiana de "fascismo" -los llamados fascismos históricos- con los modelos de formación del espacio social (pautas de gobierno de las poblaciones, usos de gestión socio-política) que tienden a caracterizar a los regímenes demo-liberales. Cabría hablar, así, de un neofascismo superpuesto, en mayor o en menor grado, al aparato político de la democracia (elecciones, parlamento, partidos, etc.); un neofascismo de y en las democracias -fascismo democrático o demofascismo- no sé si venidero o instalado ya en nuestras sociedades...



V)
Creo que estamos en el umbral de esa nueva época, si no hemos entrado ya en ella. Y lo menos importante es la adecuación o inadecuación de la expresión que he elegido para designarla. Podría haber hablado de "despotismo democrático"; pero el término se me quedaba corto, al no aludir al expansionismo y a la represión de la Diferencia. Podría haber dicho "posdemocracia"; pero no quería dar la sensación de que me sumaba a una moda (la moda de los "post": "post-moderno", "post-industrial", "post-historia",...). Las diversas corrientes de pensamiento que han querido distanciarse del Proyecto Moderno, que procuran dar la espalda a la cadena de mitos que nos legó la Ilustración -cadena que tanto estiman las oligarquías del Planeta-, surten elementos, perspectivas, conceptos, para fundar y desarrollar esta idea de la posdemocracia o del demofascismo. Yo me he limitado, en un libro reciente, a "señalarla" y a recolectar indicios de que no es una fantasía, de que tiene los pies en la tierra... Y me ha interesado esta problemática, podéis imaginarlo, porque estimo que ya ha empezado a sobrevenirnos la Escuela del neofascismo, signo y fragua de los nuevos tiempos... A golpes de "reforma", ya está quedando medio embastada la Escuela posdemocrática...


VI)
He aludido a los rasgos que asimilan la "posdemocracia" al concepto amplio de fascismo, caracteres que comparte con las experiencias totalitarias de Alemania y de Italia. Ahora quisiera referirme a los aspectos que la distinguen y singularizan, casi oponiéndola al modelo de los fascismos históricos.
Se detecta, en primer lugar, una clamorosa "falta de entusiasmo" hacia el régimen liberal, antítesis del "calor de masas" que acompañó a los fascismos antiguos. Esta "falta de entusiasmo" deviene, en parte, como una consecuencia de la despolitización de la sociedad a que ha abocado la práctica insulsa del liberalismo político (votar y esperar a ver qué pasa, esperar a votar porque no ha pasado nada). Frente a la re-politización de la ciudadanía que distinguió a las Alemana e Italia "fascistizadas", tenemos hoy el apoliticismo creciente de los hombres y mujeres nominalmente demócratas, cada vez más decepcionados por una fórmula que les prometía nada menos que la "autodeterminación política". Falta de entusiasmo: desilusión, desencanto, abulia,...
En segundo lugar, el "demofascismo" se caracteriza por la subrepción progresiva (invisibilización, ocultamiento) de todas las tecnologías de dominio, de todos los mecanismos coactivos, de todas las posiciones de poder y de autoridad. Tiende a reducir al máximo el aparato de represión física, y a confiar casi por completo en las estrategias psíquicas (simbólicas) de dominación. La dialéctica de la Fuerza debe ceder ante una dialéctica de la Simpatía... La represión posdemocrática resulta, francamente, "muy buena" como represión. Decía Arnheim que, en pintura como en música, "la buena obra no se nota" -apenas hiere nuestros sentidos. De este género es, me temo, la represión demo-fascista: buenísima, ya que "no se nota", casi no se ve. Su ideal se define así: "convertir a cada hombre en un policía de sí mismo". Y, en la medida en que deban subsistir figuras explícitas de la autoridad, posiciones empíricas de poder, éstas habrán de dulcificarse, suavizarse, diluirse o esconderse: policías "amistosos", carceleros "humanitarios", profesores "casi ausentes",... En los espacios en que deba perdurar una relación de subordinación, un reparto disimétrico de las cuotas de poder, se procurará que los dominados (las víctimas, los subalternos) tomen las riendas de su propio sojuzgamiento y ejerzan de "doblegadores de sí mismos": los estudiantes que actuarán como "autoprofesores", damnificados de sí, interviniendo en todo lo escolar, opinando sobre todo, "dinamizando" las clases, participando en el gobierno del Centro y, llegado el caso, "autosuspendiéndose" orgullosamente, valga el ejemplo. Por esta vía, el "objeto" de la práctica institucional asumirá parte de las competencias clásicas del "sujeto", una porción de las prerrogativas de éste y también de sus obligaciones, convirtiéndose, casi, en sujeto-objeto de la práctica en cuestión. Los estudiantes haciendo de profesores; los presos ejerciendo de carceleros, de vigilantes de los otros reclusos; los obreros, como capataces, controlándose a sí mismos y a sus compañeros,... De aquí, de esta hibridación, de esta semi-inversión (seudo-inversión) de los papeles, se sigue una invisibilización de las relaciones de dominio, un ocultamiento de los dispositivos coactantes, una postergación estratégica del recurso a la fuerza...
No todos los estudiantes, los obreros, los presos, etc., caen en la trampa, por supuesto: Harcamone, el criminal honrado de Genet, que verdaderamente se había ganado la Prisión (asesinando niños), y no como aquellos otros que recalaban en "la mansión del dolor" (Wilde) por razones patéticas -víctimas de errores judiciales, ladronzuelos arrepentidos, delincuentes ocasionales y hasta involuntarios,...-, quiere un día regalarse el capricho de matar a un carcelero. Y no se equivoca de objeto: no elige a la sabandija de turno, al sádico prototípico, cruel e inhumano; sino a aquel jovencito idealista, lleno de buenas intenciones, que habla mucho con ellos, dice "comprenderlos", les pasa cigarrillos, critica a los mandamases de la Prisión, y no se permite nunca la agresión gratuita. Harcamone se da el gusto de asesinar al carcelero a través del cual la institución penitenciaria enmascara su verdad, miente cínicamente y aspira incluso a "hacerse soportable"... Tampoco los pobres de Viridiana se dejaron engañar del todo por la cuasi-monja que los necesitaba para sentirse piadosa, generosa, virtuosa, y que no escatimaba ante ellos los gestos (indignos e indignantes) de una conmiseración imperdonable.
Estuvieron a un paso de violarla o de asesinarla... La pobreza profunda es terrible ("Mi privación mata", parece querer decirnos, después de cada asesinato, el Maldoror de Isidoro Ducase): con ella nadie puede jugar, sin riesgo, a ganarse el Cielo... Por desgracia, ya no quedan prácticamente asesinos con la honestidad y la lucidez de Harcamone, ni pobres con la entereza imprescindible para odiar de corazón a los "piadosos" que se les acercan carroñeramente... La posdemocracia desdibuja y difumina las relaciones de sometimiento y de explotación, ahorrándose el sobre-uso de la violencia física represiva que caracterizó a los antiguos fascismos...



VII)
Y es que el "demo-fascismo" será, o es, un ordenamiento de hombres extremadamente civilizados -es decir, parafraseando y sacando de sus casillas a Norbert Elias, hombres que han interiorizado, en grado sumo, el aparato de autocoerción y se han habilitado de ese modo para soportarlo todo sin apenas experimentar emociones de disgusto o de rechazo; hombres sumamente "manejables", incapaces ya de odiar lo que es digno de ser odiado y de amar de verdad lo que merece ser amado; hombres amortiguados a los que desagrada el conflicto, ineptos para la rebelión, que han borrado de su vocabulario no menos el "sí" que el "no" y se extinguen en un escepticismo paralizador, resuelto como conformismo y docilidad; hombres que no han sabido intuir los peligros de la sensatez y mueren sus vidas "en un sistema de capitulaciones: la retención, la abstención, el retroceso, no sólo con respecto a este mundo sino a todos los mundos, una serenidad mineral, un gusto por la petrificación -tanto por miedo al placer como al dolor" (Cioran). Nuestra Civilización, nuestra Cultura, en su fase de decadencia (y, por tanto, de escepticismo/conformismo), ha proporcionado a la posdemocracia los hombres -moldeados durante siglos: "aquello que no sabrás nunca es el transcurso de tiempo que ha necesitado el hombre para elaborar al hombre", advertía Gide- que ésta requería para reducir el aparato represivo de Estado, hombres avezados en la nauseabunda técnica de vigilarse, de censurarse, de castigarse, de corregirse, según las expectativas de la Norma Social.


En aquellos países de Europa donde la Civilización por fin ha dado sus más ansiados frutos de "urbanidad’, "virtud laica", "buena educación",... (civilidad, en definitiva), el Policía de Sí Mismo posdemocrático es ya una realidad -ha tomado cuerpo, se ha encarnado. Recuerdo con horror aquellos nórdicos que, en la fantasmagórica ciudad del Círculo Polar llamada Alta, no cruzaban las calles hasta que el semáforo, apiadándose de su absurda espera (apenas pasaban coches en todo el día), les daba avergonzado la orden. Y que pagaban por todo, religiosamente, maquínicamente (por los periódicos, las bebidas, los artículos que, con su precio indicado, aparecían por aquí y por allá sin nadie a su cargo, sin mecanismos de bloqueo que los resguardaran del hurto), aun cuando tan sencillo era, yo lo comprobé, llevarse las cosas por las buenas... Para un hombre que ha robado tanto como yo, y que siempre ha considerado la "desobediencia" como la única moral, aquellas imágenes, estampas de pesadilla, auguraban ya la extinción del corazón humano -será sólo un hueco lo que simulará latir bajo el pecho de los hombres demo-fascistas...


Fuente: "La Haine" 

Blog de Pedro:https://pedrogarciaolivo.wordpress.com/



viernes, 11 de septiembre de 2015

"Trabajar por dinero" Concha Sánchez Giráldez

Es difícil razonar, en medio de tanta consigna en pro del aumento de empleos en un país con un índice tan elevado de paro entre la población activa, acerca de qué supone el salariado para aquellos que no tienen ningún otro medio de subsistencia que el que le proporciona la venta de su fuerza de trabajo. Lo primero es hacer mención a que, precisamente, vender la fuerza de trabajo es obligatoriedad en un mundo hipermercantilizado para poder subsistir, esta obligatoriedad supone de partida una pérdida de libertad, lo que constituye por sí misma causa principal de repudio del salariado. 
La pérdida de libertad no termina ahí, sin embargo, sino que ahí comienza, pues la jornada, esto es el número de horas, de días, de meses, etc, que el trabajador/a dedicará a ello está determinado por quienes contratan, así como la remuneración que se fija, los periodos de descansos, etc.  Y, siempre siguiendo la consigna de quien paga manda, a qué realización de tareas será destinado el trabajador contratado, sobre cómo se distribuyen las tareas y el modo de efectuarlas, es prerrogativa del empleador.  
Así, pues, tenemos que el hecho de tener que optar por un empleo remunerado para obtener a cambio dinero imprescindible para la supervivencia arrastra toda una secuencia de actos en los que la libertad, la capacidad para tomar decisiones, es del todo anulada. Más anulado aún, más tedioso, y por tanto más embrutecedor, es el hecho del desempeño de tareas rutinarias, maquinales o robotizadas.


Las largas jornadas, además, sustraen tiempo para las otras necesidades básicas humanas, pues las que el salario remedia son sólo las necesidades básicas primordiales, materiales: alimentación, vestido, vivienda... ¿Pero qué hay de las otras necesidades básicas? relacionarnos entre nosotros: familia, amigos, en relaciones horizontales de convivencialidad genuina, y no en un mero "estar amontonados" como en los transportes públicos o los centros comerciales. ¿Qué hay de la vida del espíritu? ¿Acabada una larga jornada tenemos aliento para plantearnos hacer algo artístico, nos ocuparemos, quizá, en la meditación de un tema filosófico, nos embarcaremos en una lectura de tema científico, nos desempeñaremos en una partitura musical, nos vamos, acaso,  a dar un largo paseo por el campo o, derrumbándonos en el sofá, optaremos por la evasión más fácil, la de encender el televisor, donde, por cierto, encontraremos nuevas necesidades materiales y "emocionales" para abastecer y que supondrán la necesidad de un aumento de trabajo remunerado?
Que el trabajo remunerado hoy sea indispensable para la subsistencia ni lo hace benéfico ni lo hace deseable para quienes se ven en la obligación de desempeñarlo, otrosí para quienes emplean, para quienes están al timón del sistema, para quienes deciden cómo hemos de desempeñar nuestras vidas quienes no hemos nacido con el sello de clase o de fortuna, es decir, la inmensa mayoría -que somos dirigidos, esto es dominados- por la escueta minoría.
Se podrá oponer la objeción básica y principal, si no trabajamos los trabajadores, qué sería de "todo", cómo funcionaría el sistema, no se produciría, ni se abastecerían los mercados, el mundo ya no sería el mundo que conocemos. Y aquí viene la gran pregunta ¿queremos que el mundo siga siendo el que es? ¿Podrá seguir siéndolo por mucho tiempo? La crisis ecológica viene marcando el paso cada vez más estrecho a un futuro poco halagüeño, pero con ser primordial la recuperación de los ecosistemas en el planeta, y por sí mismo razón suficiente para detener la hiperproducción y el expolio de recursos naturales, hablábamos de no trabajar más por dinero y no nos queremos desviar del tema, dejamos apuntado el colapso ecológico y volveremos luego sobre él.
 
Bien, la abolición del salariado, de la esclavitud de hoy que perdura ya varios siglos, tiene que hacerse por que en sí misma es una aberración y que nos hayamos acostumbrado a ella no la hace benigna, es como si todos nos hubiéramos acostumbrado a hacer el amor por dinero y ya no existiera el amor por sí mismo, por don y deseo de entrega (adviértase la antonimia entre amor y dinero). Se nos dirá que entonces, si nadie trabaja, cómo serán satisfechas las necesidades básicas de la población. Es obvio que realizar tareas y trabajos para la subsistencia material será en todo caso una necesidad por ello hay que sustituir el salariado por un sistema cualitativamente diferente, donde no haya explotadores ni explotados, sino trabajadores libremente asociados que no persigan un salario sino el bien de la comunidad. Esto exige, obviamente, un cambio de mentalidad, que procurar la prosperidad material deje de estar “bien visto” y pase a ser un asunto vergonzoso, que trabajar por dinero sea tan antonímico como amar por dinero. Ello, es verdad, exigiría la supresión del capitalismo, no sólo el desmantelamiento de la industria y el casino de las finanzas sino de ese capitalismo tan poderosamente adherido a nuestras mentes que nos hace no desear otra cosa que extinguirnos en el hiperconsumo y la hiperexplotación -sea ésta de recursos o de personas-, por esa tarea primordial hay que comenzar, por cambiarnos a nosotros mismos, por autoconstruirnos una nueva medida de lo humano, que esa medida de lo humano venga de unos valores y una ética de la frugalidad frente a consumo, de la cooperación frente a la competitividad,  de la convivencialidad frente a la desintegración y atomización social, de la prevalencia de lo espiritual frente a lo material. ¿Imposible? Merece la pena intentarlo.  Sobre todo cuando los índices ecológicos nos dicen que el planeta no dará mucho más de sí de seguir por donde lo llevan los amos de ese mundo que, si bien colaboramos los asalariados y consumidores en construir, no es un mundo hecho a escala humana.
Dejemos, pues, de cooperar con quienes nos sojuzgan y cooperemos entre iguales, presentemos batalla contra quienes nos obligan al yugo del trabajo y nos venden el consumo como el terrón de azúcar a las bestias de carga. Desvistámonos de todas esas capas de necesidades que nos crea el sistema mediante su adoctrinamiento y digamos basta, y sobre todo, seamos capaces de constituirnos a nosotros mismos como individuos aún netamente humanos –reflexivos, creativos- y como seres decididamente sociables. Cuando las necesidades afectivas están resueltas la tentación del consumo es menor o incluso nulo, lo saben bien las industrias de la explotación que bien pagan a las de la conciencia para vendernos “emociones” prefabricadas por la publicidad. Lo saben bien las “administraciones” -esto es esa oligarquía de poder que constituyen los estados- para vendernos “bienestar” mediante el expolio de los impuestos, lo saben bien las agencias aseguradoras que, como la banca, siempre ganan. Aunque somos nosotros quienes debemos aceptar que la vida humana es incertidumbre y que ella sólo viene mitigada por los lazos afectivos, por el impulso creador, por los arraigos culturales entendidos como conocimiento de las generaciones antecedentes y por el deseo de transcender en las generaciones del porvenir. 

Fuente: http://pensandolalibertadhoy.blogspot.com.es/

martes, 8 de septiembre de 2015

Sobre el Estado y la esclavitud.





La sociedad en si, es una guerra de todos contra todos. pero con la perversidad que supone que el Estado, que la fomenta en buena mediada y la gestiona a su placer, y a la vez, se erige como el salvador del pueblo, se beneficia de ella y sus consecuencias en todo momento.

Lo que atenta realmente contra la vida no es la muerte en si misma, sino las diversas formas de esclavitud que existen.

domingo, 6 de septiembre de 2015

Teoria del Super-Yo en el sistema capitalista.




La creación de la imagen psicológica del individuo está íntimamente ligada con su carácter o personalidad, más allá de la acumulación de bienes, mercancía o capital que es el que legitima el funcionamiento, desarrollo y que reproduce constantemente el sistema capitalista basado en el máximo beneficio y en la producción de mercancías a corto plazo, detrás de todo este proceso se erige en esencia la figura psicológica del individuo capitalista o consumista, como podemos observar la principal característica de este perfil psicológico es su afán por acumular o consumir.

La imagen psicológica creada a partir de este modo de vida incluye también el prestigio que adquiere el individuo a partir de sus cualidades que le otorgan el poder para ganar dinero, gastarlo o acumularlo o directamente invertirlo en otros negocios para generar más beneficios con el capital inicial, la formación de la personalidad del individuo en estas condiciones se ve determinada por su carácter basado en su imagen y en el Super-Yo, apariencia del capital que es capaz de producir, reproducir y gastar.

Imagen deformada por la apariencia, fantasmagórica e irreal producida por factores externos pero que a la vez han penetrado en su espíritu para alcanzar su personalidad y consolidarla. Una vez que el Super-Yo es agente reproductivo de Capital en forma de dinero, bienes o consumo, su cualidad máxima es una imagen que define una una serie de aptitudes, habilidades y cualidades que se adaptan al sistema capitalista y que ofrecen la garantía de producción y reproducción máxima en el sistema en el que interactúa.

Esta imagen ligada al Super-Yo, es la imagen del poder y potencia que tiene el individuo para relacionarse con el prójimo, legitimada mayoritariamente por la propaganda, es decir, la cultura, las costumbres, la educación, etc, etc y por su capacidad de reproducir el sistema capitalista de dominación.

Podemos decir entonces, que esta imagen de poder y potencia forma las relaciones sociales del individuo viendo al prójimo en la mayoría de las ocasiones como un enemigo al que hay que someter o directamente anular. Toda cualidad humana en el Super-Yo se ve condicionada por factores externos que la limitan en gran medida.

El hombre en este sistema siempre quiere ser algo, su anhelo es llegar a ser y para eso tiene que competir con el prójimo basándose en el Super-Yo, ante esta contradicción en la que estamos todos inmersos en mayor o menor medida para poder sobrevivir, nuestra esperanza pasa por destruir esta imagen del Super-Yo que nos han impuesto en la infancia y después que hemos interiorizado como tal con nuestra capacidad de asimilación inducida por el auto-engaño.

Seamos anónimos en un mundo donde la mayoría quiere el éxito y el dinero, o como decía Thoreau: “En vez de amor, dinero o fama, dame la verdad”.

sábado, 5 de septiembre de 2015

"Jefes, cabecillas y abusones"; Marvin Harris



                                   ¿Refutando a Hobbes?

                  Primero capítulo de "Jefes, cabecillas y abusones"

                                          CAPÍTULO 1
                                  ¿Había vida antes de los jefes?
¿Puede existir la humanidad sin gobernantes ni gobernados? Los fundadores de la ciencia política creían que no. "Creo que existe una inclinación general en todo el género humano, un perpetuo y desazonador deseo del poder por el poder, que sólo cesa con la muerte", declaró Hobbes. Éste creía que, debido a este innato anhelo de poder, la vida anterior (o posterior) al Estado constituía una "guerra de todos contra todos", "solitaria, pobre, sórdida, bestial y breve". ¿Tenía razón Hobbes? ¿Anida en el hombre una insaciable sed de poder que, a falta de un jefe fuerte, conduce inevitablemente a una guerra de todos contra todos? A juzgar por los ejemplos de bandas y aldeas que sobreviven en nuestros días, durante la mayor parte de la prehistoria nuestra especie se manejó bastante bien sin jefe supremo, y menos aún ese todopoderoso y leviatánico Rey Dios Mortal de Inglaterra que Hobbes creía necesario para el mantenimiento de la ley y el orden entre sus díscolos compatriotas.
Los Estados modernos organizados en gobiernos democráticos prescinden de leviatanes hereditarios, pero no han encontrado la manera de prescindir de las desigualdades de riqueza y poder respaldadas por un sistema penal de enorme complejidad. Con todo, la vida del hombre transcurrió durante treinta mil años sin necesidad de reyes ni reinas, primeros ministros, presidentes, parlamentos, congresos, gabinetes, gobernadores, alguaciles, jefes, fiscales, secretarios de juzgado, coches patrulla, furgones celulares, cárceles ni penitenciarías. ¿Cómo se las arreglaron nuestros antepasados sin todo esto?
Las poblaciones de tamaño reducido nos dan parte de la respuesta. Con 50 personas por banda o 150 por aldea, todo el mundo se conocía íntimamente, y así los lazos del intercambio recíproco vinculaban a la gente. La gente ofrecía porque esperaba recibir y recibía porque esperaba ofrecer. Dado que el azar intervenía de forma tan importante en la captura de animales, en la recolecta de alimentos silvestres y en el éxito de las rudimentarias formas de agricultura, los individuos que estaban de suerte un día, al día siguiente necesitaban pedir. Así, la mejor manera de asegurarse contra el inevitable día adverso consistía en ser generoso. El antropólogo Richard Gould lo expresa así: "Cuanto mayor sea el índice de riesgo, tanto más se comparte". La reciprocidad es la banca de las sociedades pequeñas.
En el intercambio recíproco no se especifica cuánto o qué específicamente se espera recibir a cambio ni cuándo se espera conseguirlo, cosa que enturbiaría la calidad de la transacción, equiparándola al trueque o a la compra y venta. Esta distinción sigue subyaciendo en sociedades dominadas por otras formas de intercambio, incluso las capitalistas, pues entre parientes cercanos y amigos es habitual dar y tomar de forma desinteresada y sin ceremonia, en un espíritu de generosidad. Los jóvenes no pagan con dinero por sus comidas en casa ni por el uso del coche familiar, las mujeres no pasan factura a sus maridos por cocinar, y los amigos se intercambian regalos de cumpleaños y Navidad. No obstante, hay en ello un lado sombrío, la expectativa de que nuestra generosidad sea reconocida con muestras de agradecimiento. Allí donde la reciprocidad prevalece realmente en la vida cotidiana, la etiqueta exige que la generosidad se dé por sentada. Como descubrió Robert Dentan en sus trabajos de campo entre los semais de Malasia central, nadie da jamás las gracias por la carne recibida de otro cazador. Después de arrastrar durante todo un día el cuerpo de un cerdo muerto por el calor de la jungla para llevarlo a la aldea, el cazador permite que su captura sea dividida en partes iguales que luego distribuye entre todo el grupo. Dentan explica que expresar agradecimiento por la ración recibida indica que se es el tipo de persona mezquina que calcula lo que da y lo que recibe. "En este contexto resulta ofensivo dar las gracias, pues se da a entender que se ha calculado el valor de lo recibido y, por añadidura, que no se esperaba del donante tanta generosidad". Llamar la atención sobre la generosidad propia equivale a indicar que otros están en deuda contigo y que esperas resarcimiento. A los pueblos igualitarios les repugna sugerir siquiera que han sido tratados con generosidad.
Richard Lee nos cuenta cómo se percató de este aspecto de la reciprocidad a través de un incidente muy revelador. Para complacer a los !kung, decidió comprar un buey de gran tamaño y sacrificarlo como presente. Después de pasar varios días buscando por las aldeas rurales bantúes el buey más grande y hermoso de la región, adquirió uno que le parecía un espécimen perfecto. Pero sus amigos le llevaron aparte y le aseguraron que se había dejado engañar al comprar un animal sin valor alguno. "Por supuesto que vamos a comerlo", le dijeron, "pero no nos va a saciar, comeremos y regresaremos a nuestras casas con rugir de tripas". Pero cuando sacrificaron la res de Lee, resultó estar cubierta de una gruesa capa de grasa. Más tarde sus amigos le explicaron la razón por la cual habían manifestado menosprecio por su regalo, aun cuando sabían mejor que él lo que había debajo del pellejo del animal.
"Sí -le decían-, cuando un hombre joven sacrifica mucha carne llega a creerse un gran jefe o un gran hombre, y se imagina al resto de nosotros como servidores o inferiores suyos. No podemos aceptar esto, rechazamos al que alardea, pues algún día su orgullo le llevará a matar a alguien. Por esto siempre decimos que su carne no vale nada. De esta manera atemperamos su corazón y hacemos de él un hombre pacífico".
Lee observó a grupos de hombres y mujeres regresar a casa todas las tardes con los animales y las frutas y las plantas silvestres que habían cazado y recolectado. Lo compartían todo por igual, incluso con los compañeros que se habían quedado en el campamento o habían pasado el día durmiendo o reparando sus armas y herramientas.
"No sólo juntan las familias la producción del día, sino que todo el campamento, tanto residentes como visitantes, participan a partes iguales del total de comida disponible. La cena de todas las familias se compone de porciones de comida de cada una de las otras familias residentes. Los alimentos se distribuyen crudos o son preparados por los recolectores y repartidos después. Hay un trasiego constante de nueces, bayas, raíces y melones de un hogar a otro hasta que cada habitante ha recibido una porción equitativa. Al día siguiente son otros los que salen en busca de comida, y cuando regresan al campamento al final del día, se repite la distribución de alimentos".
Lo que Hobbes no comprendió fue que en las sociedades pequeñas y preestatales redundaba en interés de todos mantener abierto a todo el mundo el acceso al hábitat natural. Supongamos que un !kung con un ansia de poder como la descrita por Hobbes se levantara un buen día y le dijera al campamento: "A partir de ahora, todas estas tierras y todo lo que hay en ellas es mío. Os dejaré usarlo, pero sólo con mi permiso y a condición de que yo reciba lo más selecto de todo lo que capturéis, recolectéis o cultivéis". Sus compañeros, pensando que seguramente se habría vuelto loco, recogerían sus escasas pertenencias, se pondrían en camino y, cuarenta o cincuenta kilómetros más allá, erigirían un nuevo campamento para reanudar su vida habitual de reciprocidad igualitaria, dejando al hombre que quería ser rey ejercer su inútil soberanía a solas.
Si en las simples sociedades del nivel de las bandas y aldeas existe algún tipo de liderazgo político, éste es ejercido por individuos llamados cabecillas, que carecen de poder para obligar a otros a obedecer sus órdenes. Pero ¿puede un líder carecer de poder y aun así dirigir?

martes, 1 de septiembre de 2015

Adiós al proletariado: más allá del socialismo - André Gorz



Para crear una posible conciencia de clase tenemos que ser sabedores de nuestra condición de explotados y dominados, es decir, en el plano material y también en el plano espiritual o psicológico por una eĺite de poder que lleva años imponiéndonos un plan previamente planificado.

Un sistema de dominación que ya no se percibe como tal por la falta de conciencia social entre la inmensa mayoría de la sociedad al ser dominada espiritualmente por la propaganda que emana del sistema.

En el buen libro de André Gorz y que os recomiendo encarecidamente, podremos hallar algunas posibles soluciones al principal problema que hemos tenido la clase trabajadora, es decir, la clase dominada y explotada, éste no ha sido otro que jugar -en la gran mayoría de las ocasiones- y aceptar las reglas de juego del Estado capitalista al participar en su terreno hasta ser absorbidos por éste, de esta forma el movimiento obrero a día de hoy prácticamente muerto, ha quedado en manos de una élite de poder situada en la Administración y en el Capital privado que reproduce las condiciones a su gusto y medida.

Para solucionar este grave problema, Gorz propone la salida del proletariado del trabajo asalariado, la autogestión como herramienta de la clase explotada, dominada y sumisa debe ser una de las principales bazas que debe utilizar para su liberación del sistema de dominación en la que se ve inmersa.

La creación del Neolumpemproletariado por parte de la élite de poder supone una oportunidad de oro para desarrollar y llevar a cabo otro tipo de estrategias y nuevos proyectos para la emancipación de los desempleados permanentes que ya no van a poder gozar de los "privilegios" de los asalariados al quedar fuera del sistema, ésta nueva clase debe ser la impulsora de la salida del "Estado de Dominación".


Descargar libro: "Adiós al proletariado: más allá del socialismo"